La importancia del rapport en la comunicación interpersonal

 

Creando sintonía

     

                                

Previamente a escuchar un programa de radio o ver un programa  de televisión, hemos de sintonizar la frecuencia en la que emite la emisora de radio o la cadena de televisión. Sólo de esta manera lograremos comprender lo que el sonido y las imágenes nos transmiten.

Lo mismo ocurre en la comunicación interpersonal. Es necesario  que las personas que se comunican sintonicen la misma frecuencia. Sólo y únicamente de esta manera se logra lo que la Programación Neurolinguistica (PNL)  denomina establecer “rapport” en la comunicación.

El “rapport”, por  tanto,  es una técnica  que tiene por objeto crear ese ambiente de confianza y cooperación mutuo para entablar una comunicación donde no haya juicios, distorsiones o malos entendidos, sino una escucha sana.

A través de esta técnica logramos expresar, mediante comportamientos, la importancia que para el receptor tiene el emisor y viceversa. Es algo semejante a bailar un tango: cuantos más pasos se observan y se acompañan, más rica es la coreografía, mayor sincronización se logra y más hermoso es el resultado.

Existen diferentes formas de establecer “rapport” y lograr una comunicación interpersonal eficaz. Dichas formas se pueden distribuir en dos grandes grupos: sintonizar contenido y sintonizar emociones. 

 

Para SINTONIZAR CONTENIDO es preciso prestar atención  a los términos y palabras preferidas de base sensorial que utiliza nuestro interlocutor.

Continuamente las personas reciben estímulos del exterior a través de tres canales que son: la vista, el oído, y el canal cinestésico, incluyendo en este último todo lo que tiene que ver con el movimiento, las emociones y los sentidos del gusto y del olfato. Las personas  utilizamos de manera preferente uno de estos tres canales y nos clasificamos, por lo tanto, en visuales, auditivas y cinestésicas.

Si la persona con quien nos comunicamos es más bien “visual”, es decir que piensa mucho en “imágenes”, utilizará términos o palabras que tienen que ver con lo que percibe a través de la vista, es decir, hablará de formas, de colores, de tamaños, etc. De manera que para sintonizar con esta persona, habrá que utilizar esa forma de hablar en base (mayormente) al sentido visual: imagina, dibuja, hazte una imagen de esto...

Si la persona es más bien “auditiva”, utilizará con frecuencia términos o palabras que tienen que ver con lo que escucha: oí, escuché, me dije a mí mismo... Por ello, para sintonizar con esta persona, habrá que utilizar palabras que tengan relación con lo que se escucha: murmullo, ruido, escuchar, volumen, etc.

Del mismo modo si la persona es más bien “cinestésica”, utilizará frecuentemente términos que tienen que ver con las emociones y sentimientos, con el movimiento, con lo que toca o huele. Por lo tanto para sintonizar con esta persona, habrá que utilizar términos o palabras que tienen que ver con dicho canal: estar en contacto, sentir, disfrutar, etc.

 

Para SINTONIZAR EMOCIONES es necesario acompañar con el ritmo de la respiración, con nuestro paralenguaje y con nuestro lenguaje no verbal, al que está utilizando la persona con la que nos comunicamos.

Igualando el ritmo de la respiración de nuestro interlocutor, conseguimos conectar y sintonizar con sus emociones más profundas.

El paralenguaje es la musicalidad con la que las personas hablamos. Dicha musicalidad será diferente dependiendo de las emociones que estamos sintiendo en el momento en que nos comunicamos. Si prestamos atención a la velocidad, al volumen, a la vocalización, al énfasis y ritmo de nuestro interlocutor y nos adaptamos en lo posible, estamos acompasando emociones y creando sintonía con nuestro interlocutor.

El lenguaje no verbal es un espejo de cómo nos sentimos por dentro. Hay autores, como el profesor de psicología de Harvard Albert Mehrabian, uno de los más famosos expertos en comunicación no verbal, que tras numerosos estudios afirmaron que la comunicación no verbal puede representar hasta un 55% de la totalidad de nuestra comunicación. Si observamos detalladamente a nuestro interlocutor y reflejamos con elegancia y sutileza los gestos de la otra persona, estamos sintonizando emociones.

En este proceso de adoptar el comportamiento de la persona con la cual nos queremos comunicar, se logra la sintonía o empatía ya que el inconsciente lo está captando. De alguna manera logramos meternos en los zapatos del otro, entenderlo y que él nos entienda.

Aunque a veces no lo parece, es fácil entenderse los unos con los otros ya que nuestro sistema nervioso es un cableado que abarca cada célula de nuestro cuerpo. Si yo me muevo, hablo, respiro igual que la otra persona, por fuerza estoy accediendo a su mapa y a lo que está sintiendo, pues estoy acompañando su propio “cableado”.

Si conseguimos sintonizar, lograremos establecer una comunicación de centro a centro, es decir, del inconsciente al inconsciente. Esto nos permitirá lograr una genuina identificación con el otro y facilitará grandemente la comunicación y la comprensión.

 

Un hermoso cuento del Tibet nos explica lo siguiente:

“En las remotas regiones himalayas, un peregrino encontró tres cráneos e hizo conocer la noticia al monarca del reino. El monarca pidió los tres cráneos y se los entregó a su médico de cabecera, un hombre sapientísimo de avanzada edad, y le dijo:

-Quiero que investigues a fondo en estos cráneos y me digas cuál de sus propietarios era la mejor persona.

El médico sometió los tres cráneos a una rigurosa investigación. Después de unos días acudió a visitar al rey y colocó los tres cráneos sobre una mesa.

-Señor -dijo, ya tengo respuesta.

Señaló uno de los cráneos y dijo:

-Éste era el cráneo de la persona más bondadosa.

-Explícame la razón -ordenó el monarca.

El médico explicó:

-Cogí un cráneo y pasé un alambre por un oído, y el alambre salió directamente por el otro oído. Se trataba de un hombre al que las cosas que oía le entraban por un oído y le salían por el otro.

Tras una pausa, el médico agregó:

-Estudié el segundo cráneo y pasé un cable por un oído, y el cable salió directamente por la boca. Se trataba, sin duda, de una persona indiscreta que automáticamente contaba lo que había oído.

El monarca permanecía expectante. El médico añadió:

-Cogí el tercer cráneo y pasé el cable por un oído, y el cable emergió por debajo del cráneo en dirección al corazón. Esta persona elaboraba en su corazón aquello que escuchaba de los otros. No cabe duda, este tercer cráneo corresponde a la persona más bondadosa... y la más sabia”.

 

Mercedes Melgar

mmelgar@solveconsultoria.com
 

 

 

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